SARA ZAHER: AUSTRALOVE

De la misma forma que Australia nos da un poquito de miedo por eso de que todos los animales ahí pueden y quieren matarte, amamos ese país profundamente por el talento creativo que tiene, como el de Sara Zaher. Su trabajo es uno de esos ejercicios que rompe fronteras; con referencias culturales que todo el mundo entiende, su uso del color, de la más ácida ironía y una estética impecable la convierten en una de esas cuentas que da gusto seguir en la maraña de Instagram. Recomendación del chef.

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JONATHAN CALUGI: SENCILLO, QUE NO SIMPLE

Hay algo en la sencillez que atrapa y molesta de la misma forma, como pasa con Jonathan Calugi. Atrapa, porque, claro, va sobrado de calidad estética, calidez humana y un intrincado equilibrio de líneas y formas. Molesta porque es inevitable sentir un pequeño pinchazo de “cómo no hice yo esto antes”, de “a mí se me podría haber ocurrido”. Y sí. Pero no. El mérito es de Calugi, sencillo, pero para nada simple.

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MARK HAVENS: VIVA LA DECADENCIA

Hace más de un año hablamos sobre Mark Havens y su ojo por la arquitectura vacacional decadente; ese regusto por el cutrekitsch de neón, plástico y fritanga americana se nos hacía tan familiar (hola, costa española) como pintoresca. Su escenario era Wildwood, pero bien podría haber sido Benidorm.

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, que cantaba aquel. El Dios de Marina D’Or escuchó nuestras plegarias y ahora Havens ha vuelto, en forma de libro. “Out of Season: The Vanishing Architecture of the Wildwoods” recoge los paseos del artista de Filadelfia por esta isla de Nueva Jersey; paisajes de arquitectura de los años 50 y 60 mezclados con el desasosiego de un lugar que debería estar habitado, pero no. Esperamos que le vaya muy bien a Mark para que pueda venir a retratar la España del ladrillo; aquí daría para una trilogía completa.

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MEATWRECK: LA INCOMODIDAD

Hay algo terriblemente surrealista en Meatwreck. De la misma forma que los típicos posts sobre objetos molestamente mal colocados y baldosas torcidas nos provocan tanta fascinación como odio irrefrenable, Meatwreck emanan ese morbo que solo las fobias tienen. O si no, fijáos en aquellos que tienen tripofobia (como nuestro director) que no pueden parar de ver imágenes que justo destilan, eso, tripofobia extrema, mientras tienen arcaditas. Meatwreck es un dúo de fotógrafos conformado por Mitra Saboury y Derek Paul Boyle. Sus creaciones son, ante todo, inesperadas; se retroalimentan de sensaciones incómodas, casi como si fueran escenas de un sueño de fiebre y empacho. Son esa tentación que no puedes parar de mirar aunque no sepas muy bien por qué; el surrealismo con una vuelta de tuerca de estética impecable. Obviamente, nos encanta.

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SEBASTIAN WEISS: A LA ESQUINA

Sebastian Weiss me plantea que el mundo de las filias extrañas es más extenso de lo que, en principio, podría ser. Hay algo en sus fotografías que es tan único, tan perfecto y tan exacto que convierte el hormigón en algo casi sensual. Este fotógrafo alemán fascinado con la arquitectura desafía razones lógicas; de la misma forma que vuelan los aviones, sus edificios parecen ligeros, atractivos, libres de contexto.
Pedazos de cielo y estructuras son las que, básicamente, llenan el trabajo de Weiss de forma tan armónica que parecen tener vida. Si existiese un Playboy de edificios, serían los de Sebastian. Y yo, seguramente, terminaré como aquella gente que se casaba con monumentos nacionales y objetos.
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JAMES BALL aka DOCUBYTE: HASTA EL FONDO

No podemos evitar sentir una especie de alegría interior, un cosquilleo por la columna vertebral, cada vez que nos topamos con alguien como James Ball, también llamado Docubyte. Es como beber el primer trago de Coca-Cola ese único día del año en el que te apetece tomarte una sin añadirle whisky ni sentirte un adicto a la basura azucarada.
James Ball es rotundo. No tiene miedo a que el fondo sea el protagonista de la composición; los objetos centrales que, en principio, deberían ocupar siempre la parte más extensa, a veces se pierden en colores plásticos y vivos por obra de Ball. Y acierta de lleno. Con su fórmula de muy potente gusto visual, fotografía y retoque le han publicado en casi todos los sitios en los que uno puede ser publicado en el Reino Unido. Un follow a Docubyte, sin duda.
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JUCO PHOTO: CÓMO ARRIESGARSE

Todos necesitamos una dosis de riesgo que se ajuste a nuestros límites; desde saltar en paracaídas a teñirse el pelo de azul o comprarse una camiseta dedicada a t.A.T.u, todo ser humano necesita un pequeño chute de adrenalina de vez en cuando.
Julia Galdo y Cody Cloud conocen muy bien el límite del riesgo. De hecho, se han comprado un piso con terraza en dicho límite porque es su casa; ahí es donde estan cómodos y se les nota. Con increíble talento juntan en la misma imagen composición, color, originalidad y volúmenes creando piezas muy potentes cargadas de referencias pero que también construyen un discurso propio. Bravo por el riesgo.
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STEPH WILSON: 1992

Está mal explotar los tópicos y ya hemos aprendido que la edad no importa, el tamaño tampoco, que las apariencias engañan y que los guapos de instituto envejecen mal. Pero Steph Wilson es de 1992; tiene 24 años. 24 años, es decir, ni un cuarto de siglo. Es muy joven. Y ahí está la magia.

Wilson vive en Londres y es artista, fotógrafa y tiene una mirada increíblemente trabajada. Da la sensación de que sus imágenes son momentos de historias en los que no se llega a saber exactamente qué está pasando, pero todos intuímos que algo inquietante hay en todo esto y no sabemos si queremos averiguarlo. Su discurso sobre el género y la belleza no hacen más que perfeccionarlo. Bendita juventud y sus emojis.

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ANNY WANG: SWEDEN’S LIVING A CELEBRATION

Me da la sensación de que los vikingos tenían que ser peores que los seguratas de Berghain, dejando sólo a un selecto grupo de gente perfecta ubicarse y procrear en Suecia. No es normal, lo de ese lugar. La gente es de otro planeta, las condiciones sociales son un cuento de hadas y, además, tienen arte y diseño para aburrir a una manada de renos.
Anny Wang es de aquella generación que inauguró la década de los 90 en Suecia y a sus 26 años ya cuenta en su lista de clientes con empresas como Nike, The New York Times o Refinery29. Todo su 3D da ganas de ser adoptado y abrazado. Esta creativa, que vive entre Copenague y Malmö, tiene un futuro bien sueco por delante.
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GLENN JONES: Y MÁS ALLÁ

A veces da la sensación de que son las connotaciones, y no los significados de las palabras, las que de verdad forman un idioma. Un “guapa” puede ser un insulto, una provocación, una reprimenda o un halago. “Gorda”, puede ser un adjetivo, un sobrenombre cariñoso o una falta de respeto. Hay niveles y hasta el menos avispado los pilla.
Con Glenn Jones pasa lo mismo; los niveles de lectura son infinitos. Detrás de ilustraciones en principio sencillas y absurdas, este diseñador de Auckland (Nueva Zelanda – invítanos, porfi) e instalado en Texas (EEUU – invítanos, más, porfi) construye verdaderas muestras de ingenio. Desde instagram al más allá.
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