ERNESTO ARTILLO

LA NATURALIDAD DEL HOMBRE RENACENTISTA

Algunos dicen que Ernesto Artillo es una vuelta al conceptualismo en el arte, de entender el producto final como un proceso mental. Yo más que un proceso diría que tu producto parece más fruto de un camino de aprendizaje.

Totalmente de acuerdo. En realidad, me he ido dando cuenta de cómo trabajo cuando me han ido haciendo entrevistas; cuando me encargaban algo yo hacía lo que me venía, tanto cuando trabajaba para Tendencias como ahora. Ya después veo la explicación y quizá sí que intento meter cosas de escultura griega, Renacimiento, la danza y todo lo que sea pasional, pero el proceso es natural. Sobre todo es un proceso cargado de influencias; retazos de cuando era pequeño y daba clases de pintura, mi hermana bailaora, los collages de mi padre, la decoración de mi madre, los amigos que tengo alrededor.

La moda, ¿ha sido un lugar al que has llegado un poco de casualidad? Quiero decir, ¿es la moda la canalizadora de lo que puedes llegar a hacer, un elemento más de collage tan importante como los demás pero no la idea final?

Es así. La moda es una circunstancia. No es que tenga ganas de salirme de ese mundo, porque me gusta la forma que tengo de ver la moda. Me gusta la parte estética, la creatividad, y sobre todo el poder transformarlo en algo que no tenga nada que ver. En sentimientos, en lugares. Supongo que en mis trabajos no se habla de moda directamente, se habla de otros temas también. De todas formas, en el camino de la moda ahora mismo hay que alejarse mucho de lo que es el concepto puro de “moda” para hacer algo innovador.

 ¿Qué te gustaría que se transmitiera de tu forma de ver la moda?

(Duda). Yo creo que me gustaría que se viera desde un punto de vista que mira más al arte, entender la moda como una herramienta de desarrollo y expresión personal y artística. Entender la moda muy alejada del consumo y de los estereotipos. Hay una cancioncilla que repite mucho la gente que a mí me mata, diciendo algo como que gracias a Zara ahora la gente viste mucho mejor. No lo creo. Creo que la gente viste de forma más impersonal. No es natural; la moda es algo estéticamente muy poderosa, hay que entenderla de forma más emocional.

En todas las entrevistas, o en casi todas, se acaba haciendo referencia a tu padre y a su afición por el collage, así como al concepto artesano que tienes. Se ve una obra muy humana, la tuya. ¿Huimos de lo digital?

No, para nada, de hecho ¡nunca me planteé hacer collage en serio hasta que llegué a Madrid! Creo que surgió del concepto de romper, físicamente, la moda para hacer algo diferente. Lo artesano me gusta mucho, pintar y dar brochazos, pero al trabajar en moda y, buscando el detalle como se busca, si no se echa mano de las herramientas digitales se pierde definición. Eso sí, cada vez tengo más ganas de mancharme las manos y de cortarme.

La mezcla de disciplinas, ¿supone una facilidad por la variedad de oportunidades o abruma pensar en todas las posibilidades?

Me encanta que siempre haya cosas nuevas, seguir aprendiendo, meterme en cosas que no tengan nada que ver, nuevas colaboraciones. Creo que mi madre y mi padre me han dado la mejor educación posible y que soy muy afortunado porque desde pequeño me han hecho creer que podía llegar a hacer lo que quisiera. Desde la humildad, no tengo miedo. Por lo menos lo intento, aunque me quede mucho por aprender. Yo he estudiado fotografía a base de hacer fotos; supongo que será por la inquietud que, en realidad, tenemos todos dentro.

Decías por ahí que tenías una tendencia a mantener las cosas en orden y que el collage era una forma de romper con eso. La pintura renacentista se nombra como una de tus influencias; las proporciones y la simetría eran bastante importantes en esta época. El collage que tú haces, ¿es una forma de desafiar a tu propio ojo?

Totalmente. En lo profesional y en lo personal, me gustan los desafíos. Mi amigo Pedro siempre me dice que me relaje, que me perdone; tengo ganas de encontrar ahora ese espacio para la equivocación, para el desastre, para la espontaneidad. Ahora mismo estoy muy contento porque hago en Valencia una exposición con otros fotógrafos y va a tratar sobre la nueva forma o conceptos de ver la moda. Van a exponer unas fotos mías donde las modelos salen feísimas; las niñas ideales, maquilladas, pero con caras y poses extrañas. Para mí es mucho más auténtico esto, ¡dice mucho más! En la fealdad, en los gestos que te delatan hay una enorme belleza.

También se mencionan a Picasso y a Matisse. ¿Es posible buscar la belleza clásica, esas proporciones, en un espacio más caótico?

El caso es que las referencias son difíciles de ver, pero ahí están ¿no? Los colores de Matisse me encantan, el cubismo de Picasso, pero ¡me sorprende que la gente lo encuentre!

No se trivializa ni se aligera el tono al hablar de tu trabajo, pero tú eres un tipo majo, accesible.

Pues no lo sé, sí, me siento muy afortunado de que la gente me trate con tanto cariño. Me tratan con un respeto que agradezco muchísimo, y que supongo que será, o quiero pensar que será porque trabajo mucho. A lo mejor… no lo sé, sólo puedo estar agradecido.

Una duda que me acecha a mí, que era negada en estas cosas en la escuela (y ahí lo dejé)… ¿Cómo sabes por dónde empezar a cortar? ¿Qué te lleva a cortar por un lado o por otro?

La puedes liar muchísimo, pero ahí está lo guay. Una vez cortas ya no hay vuelta atrás; esa cosa de no tener el productor inicial nunca más, el no tener margen de elegir, el corte ya hecho, te obliga a tirar por ahí. Supongo que el collage tiene más que ver con lo que quitas que con lo que dejas.

¿Cuántas veces eres capaz de cambiar la disposición de un collage?

Un montón de veces. Soy súper perfeccionista, lo pienso mucho, aunque no haga ningún boceto. Me pongo sobre la marcha pero con mucho cuidado y con mucha calma, colocando y recolocando. Soy muy meticuloso.

¿Cuántas veces has escuchado la palabra collage y cual es la forma más rara de pronunciarla que has escuchado?

Pues no te creas, lo del collage parece que está más controlado ya. La gente se lía más cuando piensan en cómo llamarme: collageador, collagista, collagero… (risas). Es como cuando te preguntan, “¿tú qué eres?”. Pues yo que sé, flamenquito fusión, algo así, ¡ni idea! Se utiliza muchas veces la palabra “artista” para definirme, y lo agradezco muchísimo, pero creo que aún creo que tengo que trabajar mucho y ser mucho más honesto con lo que hago para que me llamen así. Creo una vez que hay un encargo, una marca detrás, un briefing… la palabra “artista” queda grande. Quizá mejor collageador. La palabra Arte me parece muy grande, que está en lo místico. Da mucho respeto.

Málaga. ¿Qué te ha enseñado Málaga?

Málaga es la base; son mis padres, la playa, la luz, el folklore, la educación, es el salvajismo andaluz, los miedos infantiles, el desarrollo hacia la madurez, los primero amores… Casi los años más importantes, porque luego se vuelve todo más serio. Madrid puso en orden todo ese aprendizaje, me dio posibilidades de desarrollar todo lo que había aprendido todos esos años, una pareja estable, oportunidades… Y sobre todo una ciudad con carácter. Madrid es como Penélope Cruz en “Vicky, Cristina, Barcelona”, una mujer que está medio loca, que algunas veces la mandaría a tomar viento fresco, pero que atrae profundamente.

¿Qué va a pasar ahora en la vida de Ernesto Artillo?

Quiero disfrutar, cada vez más, porque antes era todo mucho más estresante. Voy a seguir haciendo colaboraciones con diseñadores, voy a hacer exposiciones, una en Málaga que me hace mucha ilusión, y seguir aprendiendo. Y aprovechar y cuidar esos vínculos que se crean con diseñadores, porque ponen en tus manos una responsabilidad muy fuerte.

Decías en una entrevista la siguiente frase: “Espero que me quieran locamente y querer cada vez más a cada uno de mis defectos. Y perfeccionar mi receta de la tortilla de patata”. ¿Qué tal va la receta de la tortilla de patata?

Mi tortilla de patatas es una cosa loca eh, ¡me he descubierto la faceta en la que tengo más arte! La disfruto mucho; aquí en Madrid, en La Dominga, hacen un pincho que tiene el secreto que tengo yo, la cebolla caramelizada. Está espectacular.

Les preguntamos esta cuestión a todos los entrevistados en La Monda. Os damos la primera parte de una frase y vosotros tenéis que completarla. Así que… “la expresión artística como forma de defender…”

El amor.

 

Entrevista: Ane Guerra

Web: Ernesto Artillo