MONATELLA

El año en forma de montaña rusa de Donatella Versace.

Si impactante puede ser ver la Gioconda de Leonardo en directo y, por consecuencia, te quedas paralizado varios minutos visualizando todos los detalles porque, además, hiciste más de dos horas de cola para verla, imagínate la cara que se te queda cuando ves a la mismísima Donatella Versace intentando bajar de su coche con un vestido que la hace menos flexible que una Barbie. Me pasó a mediados de octubre en la zona de Porta Venezia, un discreto y silencioso barrio cerca del centro de Milán. Me quedé mirándola el tiempo que tardó en ejecutar la acción. Me dio tiempo a mirarla de una forma detallada, como si de una obra de arte se tratara. En realidad, es arte: retocada por una decena de cirujanos plásticos que hicieron de su rostro un cuadro sin expresión y de belleza hinchada.

Sus labios, 100% botox, son grandes y carnosos. Su composición química produce un bloqueo completo de los 175 músculos que el resto de la humanidad utilizamos sólo para reír. Los pómulos sostienen su lisa cara, estirada como una camisa a estrenar. Su pelo largo, rubio y liso enmarca sus blancas facciones y sus ojos, como los de Medusa, están hechos para paralizar.

Me di cuenta de que la mente humana no está preparada para visualizar ese espectáculo plástico y estático en directo sin un previo filtro de Photoshop.

Las listas internacionales, incluyendo las de Forbes, aman a Donatella. Es un personaje fácil de introducir en sus clasificaciones. A finales de este año, la mismísima reina de Versace entró en el ranking de los diez diseñadores más influyentes en la historia de la moda. Casi nada. Nos la pusieron compartiendo pedestal con la clásica y rompedora Coco Chanel y con el sofisticado y elegante Yves Saint Laurent. También se habla mucho de su economía y del hecho de que es una de las diseñadoras mejor pagadas del mundo, con un patrimonio de 200 millones de dólares, ocupando el puesto número 21 del ranking. Pero aún se encuentra lejos de su pequeña y también muy delgada hija, Alegra Versace, en el puesto número 12, propietaria de 800 millones de dólares y del 50% de la empresa Gianni Versace.

Nadie puede negar que éste ha sido un año muy importante y positivo para Versace. A mediados del 2013, Migos presentó una canción llamada Versace, con la colaboración de Drake, canción en la que, sí, la palabra Versace se repite hasta la saciedad. Se terminó el verano y la marca anunció la colaboración de la cantante M.I.A en la creación de una capsule collection para Versace Versus. Los ingredientes eran de gran calidad y las herramientas de trabajo las mejores, pero yo me pregunto… ¿qué pasó con el resultado? No creo que hubiera concepto alguno para la colección, por eso es bastante indescriptible. Podemos decir que el trabajo al completo estuvo a la altura de una película de ciencia ficción, genial por sus efectos especiales pero molesta porque el formato es en 3D y te obligan a usar gafas.

Todo esto nos lleva a la fatídica película estrenada en octubre The House of Versace, inspirada en el libro de Deborah Ball. Negado y prohibido por la casa italiana, el largometraje hace un repaso de las vidas privadas de los tres hermanos: Gianni Versace como el creativo y alma de la marca, Santo Versace como responsable de marketing y finanzas y Donatella como musa y drogadicta por culpa del gran drama familiar. La película se centra en el asesinato de Gianni. Pero se centra más aún en las adicciones de Donatella tras el asesinato de su hermano y eso no le gustó a la reina rubia. En realidad, en el film se puede encontrar mucho polvo blanco y poca ropa, por eso entendemos el cabreo de la familia.

Pero terminamos el año con menos drama y le ponemos como guinda al pastel a Lady Gaga, la que faltaba por subirse al carro de Chanquete. En su nuevo álbum titulado Artpop, hay una canción llamada Donatella en la que la cantante expresa su amistad con la creativa llamándola “rubia, rica y p**a” entre otros adjetivos que ayudan a crear una imagen bastante explícita de lo que es y representa Donatella. La diseñadora recibió la canción por su 58 aniversario a modo de regalo bomba. Le gustó, y como ya nos olíamos todos desde hace ya unas semanas, aprovechó y comunicó que la cantante sería la imagen de la marca para el siguiente año.

Donatella, siempre hizo vida de artista: cigarrillos, cocaína y botox. La muerte de su hermano la hundió en una depresión y consecuentemente en una drogadicción que llevó a Versace a su quiebra. Pero la diseñadora aceptó rehabilitarse y pocos años después volvió a asumir el cargo de directora creativa de la marca y la volvió a catapultar hacia lo más alto. Sus últimas colecciones son para recordar, al igual que su colaboración para H&M del noviembre del 2011. Una Donatella para la mujer actual, urbana y sexy.

Volviendo al modesto barrio de Milano. Me quedé mirándola, no me acerqué. Como en la Mona Lisa existe una barrera a dos metros de distancia para contener la multitud de asiáticos y tú, yo tenía una barrera invisible que no me dejaba avanzar y acercarme a ella. La vi deslizarse con sus altos zapatos de aguja hacia la puerta de un edificio cercano. Después de eso, desapareció.

Después de conocer más sobre la vida de la diseñadora, me pregunto: ¿Y si estaba un poco equivocado? ¿Y si la heroína de Versace siempre fue Donatella aún viviendo a nivel mediático a la sombra de su hermano? ¿No podría haber sido Donatella la llama que encendía el talento de Gianni? Ahí lo dejo.

Texto: Salustiá Álvarez