VICTORIA BECKHAM ME LO DEBE TODO

Es verdad. Sé que suena como el desvarío de una loca, pero escuchadme. Allá por 1996, estaba trabajando en Londres como periodista para una una revista de fútbol llamada ’90 Minutes’. Fue hace tanto tiempo que incluso me duele la cabeza sólo de pensar sobre ello. No teníamos internet. Ni email. Ni móviles (antes de que nadie me corrija y me grite “¡internet se inventó en 1986!”; ya lo sé, sólo que nosotros no teníamos acceso, es lo que pasa si no trabajas para la NASA o el Pentágono).

Pero a lo que vamos. Para nuestro especial de Navidad se nos ocurrió ponernos un poco azucarados. Siempre habíamos apostado por mezclar música y fútbol en la revista; ya habíamos hecho muchas entrevistas a bandas preguntándoles sobre fútbol y a futbolistas sobre sus grupos favoritos. Ese año queríamos hacer algo un poco diferente. Bueno, muy diferente. Decidimos poner a las Spice Girls en la portada. Vestidas de futbolistas. Sí, en serio.

La entrevista estaba concertada y como yo era seguidora (lo juro, me encantaba “Wannabe”, soy un poco retrasada) me tocó a mí. Fui dando saltos al estudio fotográfico en mis zapatillas Nike Air Max, un montón de nervios y excitación y, bastante vergonzosamente, un corte de pelo igualito al de Geri Halliwell: esas preciosas mechas alternas, rojas y amarillas. Me lo hice dos semanas antes de atar la portada y me sentí un poco tonta cuando entre con un pelo calcado. “Me has copiado el pelo” dijo Geri. “Ojalá te pudiera copiar los pechos” le contesté, maravillada ante el hecho de que pudiera mantenerse en pie con esos minúsculos pies (un erizo se hubiera puesto sus zapatos cómodamente) y esa amplia pechera.

Geri era todo energía y muy mona. Mel C era encantadora, horriblemente vestida como siempre en su chándal y muy dulce. Nos gustaba el mismo futbolista; le conté que había tenido una noche de escarceo donde nuestras ropas acabaron por los suelos y casi explotó de celos. Emma iba vestida en su línea, como un bebé en una competición de belleza americana, sólo que nunca había visto a un bebé fumar cigarros Silk Cut. Mel B era escandalosa, fragante, muy graciosa y no paraba de reírse de sí misma. Era fácil hablar con ellas y eran muy divertidas. Como tenían que ser; justo acababan de saltar a la fama. Cualquier nota cínica o aburrida en entrevistas aún estaba por venir. No había egos, ni drama, ni pataletas, ni nada. Eran perfectamente majas, normales. Un grupo de mujeres jóvenes en el borde de la fama internacional. Ya sabéis.

Y entonces entró Victoria. Y casi como que me enamoré. Llevaba un vestido marrón chocolate, pegado y de cuello alto y zapatos de punta y tacón negros. Dio una calada a un cigarro que conjuntaba (marrón y delgado); su ojo para coordinar estilismos ya estaba ahí. Su apariencia decía “¡miradme!” al mismo tiempo que su cara decía “¡no lo hagáis!”. Llevaba demasiado maquillaje (proporciones de drag queen) y se ocultaba detrás de su pelo. Se cogió el dobladillo de su vestido diciendo “¿por qué me hacen ponerme vestidos tan cortos?”. “Te podían haber llamado ‘la Spice sin techo’ en vez de ‘Spice pija’ – dije – Imagínate qué pintas llevarías entonces. Considérate afortunada”.

Se sentó estirando sus largas y delgadas piernas, y hablamos. Y mientras hablamos comió tres dátiles secos. Ese era su almuerzo. Las demás chica estaban atiborrándose a sushi y salchichas con puré de patatas. Sentí lástima por ella. “No estás gorda” le dije, “¿por qué no comes algo más sustancial?”. “Después”, me contestó y no pude evitar pensar “sí, claro”.

Le enseñé varias fotos de futbolistas para ver si le gustaba alguno. “Si te gusta”, le dije, “lo pondré en la revista y así se enterará de que le gustas”. Escogió a un jugador del Manchester United jovenzuelo y de pelo acortinado. “Dios mío” dijo “¿quíen es?”, “es David Beckham” le conté. “Está bastante bien, ¿verdad? Juega para el Manchester United. Podrías ir a algún partido con Mel C y presentarte en el bar de los jugadores”. “Es tan guapo”, chilló con la cara iluminada por la emoción. “Voy a hacer eso. Y luego le pediré que vayamos a cenar”. Le dejé quedarse con la foto. Publiqué lo que dijo. David lo leyó. La semilla de una de las historias de amor más grandes de nuestra era estaba plantada. Así es, YO HICE ESO.

Ya estamos en el 2013. El meritorio éxito de Victoria como diseñadora de moda es increíble; la marca de mujer y marido, oportunidades y riqueza no tiene fronteras. Yo mientras espero a mi bolso Victoria Tote Mini (rojo, por favor) o un par de sus Louboutins como forma de agradecimiento. Incluso unas extensiones de pelo suyas o un par de calzoncillos de su marido bastarían. Seguro que lo puede conseguir, ¿verdad? ¿Hola? ¿Victoria? ¿Te acuerdas de mí? – saluda enérgicamente mirando a Los Ángeles -.

 

Julitette Wills es escritora y autora de “ Mostly Cloudy with Some Bright Spells” (disponible en Amazon).