¿Tienes una silla de los Eames? ¡Vaya vendido!

Desde que se presentaron hace más de 60 años, las Plastic Chairs del matrimonio Eames se han convertido en un ya clásico del diseño, cada vez más extendido y conocido incluso por gente ajena al mundillo. Nacieron como una propuesta rompedora para un concurso de diseño de mobiliario de bajo coste del MoMA de Nueva York, y derivó en la primera silla fabricada en plástico de manera industrial. Pero la que la mayoría de nosotros conocemos no es ni mucho menos el modelo original, el que Charles y Ray concibieron con los medios de producción de su época. Durante sus 30 primeros años de vida, hasta la década de los ’90, la Plastic Side Chair se fabricaba en fibra de vidrio, pero bajo el emporio Vitra la esencia se perdió y se comenzó a producir en polipropileno (PP), para mi gusto mucho más sosa y falta de carácter, lo que no ha conseguido sino la apreciación y revalorización en el movido mercado de segunda mano de las genuinas en fibra de vidrio, con una paleta de colores mucho más interesante.
Lo que nació con espíritu Low Cost y bajo la producción en masa controlada de los Eames, se ha transformado en un objeto que al paso que vamos rozará lo vulgar. Y es que al propietario de una Plastic Side Chair con 40 años comprada en un mercadillo hipster de Berlín por el doble de precio que una nuevecita en el showroom de Vitra no le mola encontrárselas en el McDonalds de la esquina de su casa. O encontrarse en auditorios, hoteles, restaurantes y salas de espera de medio mundo el mismo modelo de la que para él es una silla única, es un poco raro, y más cuando después de hacer el ridículo disimulando para cotillear si realmente es de Vitra, descubres que es una réplica de 33€.

Para aquel que realmente se considere un dueño cualificado de una pieza icónica, valiosa y cara como una silla de los Eames, no es lo mismo adquirir un producto sin estrenar, perfectamente embalado, escogido bajo catálogo y renovado, que adentrarse en el mundo de las galerías de mobiliario vintage, buscar en eBay y estar atento por la calle hasta el día en el que, por fin, te encuentras con la que presientes que va a ser tu silla a partir de entonces. Tener una pieza original te convierte en alguien con el interés suficiente como para valorar el significado de respetar su diseño inicial.

Y no es que a mí no me guste la nueva Plastic Chair de Vitra, sino que cuando algo muy bueno se convierte en un fenómeno de masas, deja de ser tan bueno. Su omnipresencia en apartamentos, blogs y como banal atrezzo de grandes cadenas hace que se acerque a un producto de Ikea. Fue muy criticado el comentario que mi adorado Konstantin Grcic hizo en una entrevista al periódico alemán “Süddeutsche Zeitung” en febrero de 2012, donde aseguraba que por qué uno “todavía veía esas estúpidas sillas de los Eames en todos esos apartamentos”. Grcic se refería al hecho de que recientemente estas sillas se han convertido más en un objeto que en un símbolo.

Ahora que hasta las sillas de los Eames se han pasado de moda y que para comprarse un mueble viejo hace falta ser coleccionista, los hipsters tendrán que renovarse y buscar un nuevo icono.

 

Texto: Enrique Romero