MENEO / RIGO PEX

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TUMBA LA CASA

Detrás de la GameBoy, de los 8bits, del electropical, de la ropa que queda desparramada por el suelo en cada uno de sus conciertos, detrás de Meneo, de la juerga y el lo-fi, hay un personaje, un musicólogo, que cuando tú vas, él vuelve y se trae a una manada haciendo el limbo por detrás.

Hay una frase que me gusta mucho que es “tomarse las cosas con humor no es lo mismo que tomárselas a la ligera”. Me da que te viene bastante bien.

El entorno de música electrónica no tiene gracia; ni en la rama purista donde la gente no mezcla géneros, ni en la música para jóvenes donde todo está pensado para la fiesta y tampoco hay nada detrás. Por un lado, Meneo es darle un poco de personalidad al estilo musical. Si estás ahí metido, aprovecha para decir algo; decir algo es bonito aunque sean cosas ligeras, ya que es música latina y la música latina siempre ha permitido tener doble sentido. También tiene mucho que ver con mi energía vital, soy así.

Dicen que copiar siempre es una buena forma de empezar un proceso creativo porque acabas haciendo otra cosa inesperada. Pero tú no tuviste muchos referentes cuando empezaste, ¿verdad?

Es una cosa extraña, ¿no? Cuando yo empecé, por ejemplo, estaba M.I.A, que copiaba el funky carioca, y se estaba dando un fenómeno a nivel internacional de regreso a las raíces: en Latinoamérica a la cumbia, en Europa a lo balcánico, en España a lo nacional… Hubo un regreso, algo normal después del exceso de globalización de los años 90, por otra parte. En ese momento, yo hice un bolero en 8 bits. Debido a mi carrera de musicólogo, pude aprender todas las bases, los recursos y las herramientas de la música; sólo cuando aprendes bien todos los cimientos es cuando puedes empezar a pensar en hacer, no sé, un mambo futurista. De una forma u otra, estoy haciendo música para mí, no para un público que lo pida. En un momento puedo hacer algo muy movido que te hace sudar la nalga con la GameBoy y publicarlo en Subterfuge… Lograr publicar una canción de lo-fi tropical es, la verdad, un logro.

¿Por qué tiraste por el camino chiptune?

El chiptune fue como… Yo estaba haciendo Meneo mezclando reggaeton, cumbia y merengue con aires muy berlineses, intentando unir dos mundos. No todas las canciones de reggaeton tienen que ser ese rollo de… ¡tumba la casa, túmbala!, ¿sabes? Que no todas las canciones tienen que ser “te la meto, te la saco, te la meto, te la saco”. Se puede hacer más con la música latina, añadir más fondo. En esto, viajé a Ginebra, conocí a la gente del chiptune y me volví loco. Entonces fue cuando debí cambiarle el nombre a Meneo y haber hecho otra cosa. Meneo tenía una trayectoria un poco más fina en cuanto a la producción; el primer album lo mezcló la gente de Diplo, por ejemplo. El chiptune es, por el contrario, lo que salga, el sonido sucio. Cuando me metí en ello fue cuando me cambió la vida, cuando me empecé a desnudar y a emborracharme en los conciertos. Fue algo muy espiritual, como el hecho de quedarte al desnudo ante el público, que también es muy espiritual y ritualista. Cuando la gente sabe que llega Meneo piensan: “¡ya llega la fiesta!”. Cuando entendí esto, pensé que tenía que ser yo el primero en desmadrarme y desnudarme. Macho alfa, ¿verdad?

A mí me costaría la vida y más desnudarme en público. ¿Sentiste vergüenza alguna vez?

Hombre… Hubo una época, cuando murió mi padre, en la que ya no quería hacerlo más. Pero luego me di cuenta de que no lo hago tanto por el show, como por liberación. Tengo que tener un cortocircuito en la cabeza o algo; mis amigos me preguntan si voy a llegar así hasta los 60. ¡No lo sé, quizá! Estamos pasando una etapa de música niñata, todo lo que sale en la radio es de fiesta cuando antes había música tranquila en el top 10. Yo no creo que todo tenga que ser para niños, ni tan fácil de comprender. Un montón de gente que me ve desnudo se olvida de que detrás hay mucho trabajo y piensa que lo hago sólo por el show. En realidad, es un intento de romper con la estela clásica, de romper moldes. Estamos en una sociedad post en la que si tú no generas un cambio, aunque sea ridículo, quedas fácilmente nostálgico.

¿Qué opinas de las letras del reggaeton al uso?

Son muy propias y supongo que nacidas del folclore; me parece todo es muy válido, así nació todo. Creo que es música para divertirse, aún diciendo guarradas.

¿Cuál es tu favorita? Por lo mala que es, mi frase favorita del reggaeton es “esta canción nació de un pensamiento, y yo sólo pienso en ti”. Intensísima.

A mí me gusta el reggaeton antiguo. Mi última gran frase es “tumba la casa”. Útil para todo. Me sale todo el rato; el otro día estaba en un after, la pinché y mis amigos se sorprendieron de que no fuera una frase mía. Es muy a tope, muy… tumba la casa.

Tus conciertos tienen pinta de crear un feedback del público, un estado de alegría y alboroto. ¿En qué sitio has visto una mejor acogida?

Depende mucho del aforo. Hace tres semanas toqué en un pueblito cerca de Vigo en un escenario debajo de unos árboles… bueno, se volvieron locos. De repente había una manada de gente haciendo el limbo. Si tocas en un club, puedes tener un sonido contundente pero la gente está un poco más que le da igual. Además que la música que hago es como más íntima. (se queda pensativo) Suena raro, electrónica íntima, tropical, ¡SÓLO LA PUNTITA!

De Guatemala a España y colaborando con gente de todo el mundo, fundando muchos colectivos, metiéndote en cientos de proyectos… ¿Se te queda pequeño el espacio/tiempo para todo lo que tienes que hacer?

Fíjate, antes era mucho más activo porque Latinoamérica tiene una dinámica que no viene del academicismo, ahí no necesitas un título para hacer cosas. Allá dices: “yo voy a hacer esto”, y lo haces. Mis primeros trabajos pertenecían al mundo del Arte y a temas sociales en Guatemala, luego trabajé para firmas de moda, también regenté un café donde se gestó una pequeña revolución cultural… Cuando vine aquí, me di cuenta de que todo era mucho más lento. Para que una banda triunfe en España tienen que pasar 4-5 años y, además, cuando te catalogan, ya es difícil romper con eso. Yo, como me muevo más en el mundo de la exploración, harto a mi representante porque la gente no sabe por dónde pillarme.

Pero la gente no se imagina que puedas andar metido en tantas cosas a la vez. ¿Te molesta que te recuerden como el tío de desnudo de la Game Boy?

No, claro. El tema es, aún siendo profesional y sabiendo que la gente busca eso en ti y dándoles la calidad que merecen, si yo fuera responsable con mi figura artística seguiría siendo sólo eso. Pero tengo otras facetas artísticas y no me quiero aburrir. Ahora me estarán bajando las hormonas porque ya no hago tantas cosas, pero soy de tener muchos proyectos.

¿Qué proyectos tienes ahora entre manos?

Mi último trabajo está basado en la zarzuela y va a tener otro nombre. Quiero sacar a la luz y experimentar con todo eso que no se puede por tabú; básicamente yo no encuentro las connotaciones que la gente de aquí puede tener con la tradición, con lo que no me remite a nada. Yo cuando veo una escala de flamenco, pienso en una escala de blues. La zarzuela es una mina sin explotar, puedo cambiarla y hacer que suene bien porque no hay referencias anteriores. Aún no sé cómo llamar a este proyecto, porque después de un nombre como Meneo… Me arrepentí un montón.

¿Por qué?

Porque buscas “meneo” y lo primero que te sale son las nalgas enormes de una puertorriqueña.

¿Qué nos cuentas de aquella juerga con Bruce LaBruce que mencionaste una vez?

Hubo dos, una correcta, y otra en Barcelona que fue… tumba la casa. Bruce ya está en el star system del arte y ha aportado mucho a muchos movimientos. Me gustan los artistas que viven la vida con arte y no como ahora que incluso en algunos festivales no se nos deja ni salir del backstage. De tu profesionalidad se espera que ya no seas artista, que vayas súper sobrio, que seas súper eficaz. Ya no hay experimentación.

Les preguntamos esta cuestión a todos los entrevistados en La Monda. Os damos la primera parte de una frase y vosotros tenéis que completarla. Así que… “la expresión artística como forma de defender…”

la inmediatez, como un eructo. Es natural, no se hace ni por nadie ni por nada. Es un momento de explosión generador de cosas.

 

 

 

Entrevista
Ane Guerra