EL SHOWROOM DE LA CACA. TOILET EXHIBITION.

No me voy a currar una frase introductoria misteriosa porque todos habéis visto ya esos gorros con forma de zurullito a estas alturas. Y, poseídos por el morbo, ya habéis visto el vídeo. Joder, esos gorritos son una cucada, todo hay que decirlo. Si era lo que estaban buscando, lo siento, no siento ni una pizca de estupor; una exposición sobre váteres y, seamos sinceros, incidiendo en el tema caca, ya ni me sorprende viniendo de Japón. Es Japón, hacen locuras, les gusta lo escátologico y lo llevan haciendo tiempo. Que me Aspen, Colorado, si les entiendo.

Lo que pasa es que… no sé, creo que estamos llegando a todo un nuevo nivel del mundo excremento. El sombrerito, pase. La caquita de Arale, pase. Los talleres para niños donde pueden hacer su propia caca de plastilina… roza lo inaceptable. Pero el váter gigante donde te tiran de la cadena y aterrizas en un submundo rodeado de pantallas cuya única proyección es «Cariño, ¡te he convertido en mierda!» es bastante más de lo que la mente humana puede procesar. La mente, no el estómago.

He leído por ahí que incluso se ha visto a parejas en una cita paseando por la exposición. Todo un acierto, querido mancebo japonés, llevar a tu doncella a la expocaca. Si te vuelve a hablar, eso es amor. Mención especial, por favor, al coro de váteres hipnóticos que cantan; mi reino, mi estómago, por saber qué dicen.